
Ya desde la Baja Edad Media debió ser habitual la celebración de fiestas de toros en Cabeza la Vaca, sobre todo entre mayo y julio, destacando las fiestas del Corpus y San Benito. Las primeras noticias documentales que nos ofrece el Archivo Histórico Municipal las encontramos ya en 1626.
Antes de la construcción de la plaza actual, se utilizaron hasta tres escenarios diferentes:
- Hasta 1626 se utilizó para estos festejos la que hoy conocemos como Plaza Vieja, y que en aquel tiempo se denominaba Plaza Baja. Es esta la plaza más antigua del pueblo, y, junto con la Fluente de Abajo, fue el centro de la población durante varios siglos. En ella los vecinos levantaban barreras para cerrar el lugar del toreo. Los espectadores se colocaban en los balcones, ventanas o tejados. El espectáculo se hacía en forma de capea, sin las reglas que luego se utilizarían.
- Las molestias para los vecinos provocaron que se trasladase al corral del concejo, en el que se realizaron las oportunas reformas. Desde entonces se conocerá a esta zona como Coso, nombre que aún lleva una calle y un pilar. Este escenario debió de utilizarse desde 1626 hasta aproximadamente 1767.
- Ese año se decide trasladar nuevamente el escenario; será ahora la Plaza del Rollo o Alta, en la que se levantaba una estructura de madera adosada a los contrafuertes de la actual iglesia parroquial (El Moral) y que podría asemejarse al que hoy se levanta en la localidad vecina de Segura de León para las capeas, y que se retiraba una vez concluido el festejo.
En 1785 se promulga la Real Pragmática Sanción de Carlos III, por la que prohíbe “las fiestas de toros de muerte en todos los pueblos del Reyno, a excepción de los que hubiere concesión perpetua o temporal con destino público de sus productos útil o piadoso…”, una ley prohibiendo correr toros en calles y plazas, lo que supone en muchos casos la desaparición de estos festejos, con una sola excepción, la de aquellos espectáculos que tradicionalmente dedicaban los ingresos a limosnas o culto. Éste fue el caso de Fuentes de León o Cabeza la Vaca, donde la Cofradía de los Remedios o la Hermandad de San Benito realizaban espectáculos en honor al patrón o cuyos ingresos se destinaban a su ermita.
Se inicia por esas fechas la construcción de la actual plaza de toros, como lugar que pudiese proporcionar mayor seguridad a los espectadores y lidiadores. Esto permitió a los cabezalavaqueños seguir disfrutando de los espectáculos taurinos durante todo el siglo XIX.
Tras haberse celebrado corridas y juegos con toros en distintos sitios de la villa, a finales del siglo XVIII se construyó este coso, en un solar donado por una vecina acomodada, con el trabajo de los vecinos. Los acontecimientos convulsos de comienzos siglo XIX y la agitación política posterior vinieron en detrimento de la finca, que hasta 1895 presenta un aspecto ruinoso, aunque se celebraban en ella novilladas o corridas pese a sus malas condiciones. El ayuntamiento decide reedificarla con escasos caudales y la aportación voluntaria de todos los vecinos. Por ello su estilo arquitectónico es popular, macizo, abaluartado, con graderío y burladeros semi-excavados en la roca.
Es éste un edificio singular, que “mancha” de blanco una de las entradas de Cabeza la Vaca, confundiéndose con el caserío circundante, integrándose en sus formas blancas y humildes, y en sus gentes. Dota a este pueblo de monumentalidad, pero sin romper su estética.
Su forma exterior, sencilla y robusta, de mampostería, encalada año tras año y sin más huecos que la puerta principal y la de sol, nos recuerda a aquellos vecinos que a finales del XVIII entregaron su trabajo y tesón de forma altruista hasta conseguir tener en su pueblo un edificio como este, donde poder disfrutar de una de sus aficiones más añejas.
Pero es en el interior donde comprobamos que este monumento es una de las construcciones con más sabor popular de Extremadura. Su graderío es completamente macizo y se organiza en distintas alturas según las zonas.
Conserva en la parte de sol todo su encanto inicial, con sus frentes encalados y el asiento revestido de piedra y ladrillo, dándole un aire rústico y sobrio.
El ruedo, con sus cuarenta metros de diámetro viste, desde el año 2000, un callejón de madera que protege los antiguos burladeros, dieciséis, que perforan el macizo graderío con estrechas y angostas aberturas.
El interés de este monumento se refleja en su declaración por la Junta de Extremadura como BIC (Bien de Interés Cultural), con categoría de Monumento, el 3 de mayo de 1989.
No hay una explicación científica para la desmedida afición taurina de Cabeza la Vaca, tal vez sea por el nombre de esta localidad, pero la verdad es que resulta difícil de explicar si no se vive de primera mano la gran afición que tienen los vecinos de nuestro pueblo por el mundo de los toros.
Cabeza la Vaca, con unos 1300 habitantes aproximadamente, ostentó durante bastantes años el orgullo de tener dos peñas taurinas, y eso que no existe ningún torero local, a lo que podemos añadir un Bar Taurino, con uno de los mejores museos particulares de la región, a la altura del que existe en el Club Taurino Badajoz y una Plaza de Toros, centenaria, encuadrada casi en el centro del pueblo y con una solera sin igual.
La expresión “sin toros es como si no hubiese feria” ha hecho fortuna entre nuestros paisanos, ya que nuestras fiestas patronales van unidas a la fiesta nacional como si de siameses se tratara. Los “sambenitos”, como popularmente se le conoce a la feria, suelen durar de cuatro a cinco días, habiendo destinado tradicionalmente dos de éstos a los espectáculos taurinos, aunque en los últimos tiempos se ha reducido a uno solo. Esos días el pueblo rebosa de gente y fiesta desde primeras horas de la mañana, cuando cabezalavaqueños y visitantes se concentran en su centenario coso taurino para asistir al desencajonamiento de las reses, tradición que se respeta desde siempre y es seguida con especial interés y expectación.
Nada más entrar el último toro al corral, el recinto ferial se llena de mayores, jóvenes y niños que buscan bien la sombra de algún bar para refrescarse y comentar el trapío o las hechuras de los animales que han sido encerrados hace un momento a la espera de su lidia por la tarde. Es fácil encontrar grupos que disertan sobre cuál es el que más les ha gustado en el encierro o que los conocidos se paren por la calle y se pregunten por el encierro o los “bichos”.
La espera hasta que den las siete de la tarde y comience el paseíllo se ameniza mejor en alguna terraza mientras se ve a familias pasar hacia la Plaza de Toros con la emoción marcada en sus rostros.
A la profunda afición taurina que aquí se tiene han contribuido, sin duda, muchas de las principales figuras que han pisado esta arena. Se conservan carteles impresos desde 1902, y por su arena han pasado toreros de renombre nacional, como Manolo González y Manolo Vázquez, en 1947, y, especialmente Paco Camino, a quien el pueblo tiene singular cariño ya que en sus comienzos allá por los años cincuenta hizo aquí sus primeras lidias y que, posteriormente, ya consagrado como máxima figura del toreo, repetiría. Así como, entre otros muchos, Miguel Ángel Perera, el hijo del Litri, Antonio Ferrera, que toreara la primera vez como becerrista y después como novillero y matador, o más recientemente el hijo de Manzanares, y festivales taurinos con figuras como Espartaco, Jesulín de Ubrique y muchos más. En la actualidad, incluso participamos en el impulso de jóvenes principiantes, acogiendo algunas de las novilladas de promoción que desarrolla la Excelentísima Diputación Provincial de Badajoz.
La plaza de Toros de Cabeza la Vaca es un monumento singular que mancha de blanco una de las entradas de Cabeza la Vaca, confundiéndose con el caserío circundante, integrándose en sus formas blancas y humildes, en sus gentes. Dota a este pueblo de monumentalidad pero sin romper la estética.
Su forma exterior es robusta y sencilla, encalándose su fachada año tras año. Está realizada en mampostería y consta de tres puertas en su fachada: la puerta grande o principal, la puerta del sol y la de la enfermería.
Es en el interior donde comprobamos que este monumento es una de las construcciones con mas sabor y encanto popular de Extremadura. Su graderío es completamente macizo y se organiza en distintas alturas según las zonas. Conserva en la parte de sol su estructura inicial, formada por asientos revestidos de pizarra y ladrillo configuran un espacio de gran belleza y aspecto rustico.
El ruedo, con sus 40 metros de diámetro, viste desde el años 2000 un callejón de madera que protege los antiguos burladeros excavados en el macizo graderío y que conforman estrechas aberturas.
La relevancia de este monumento se refleja en su declaración como Bien de Interés Cultural en la Categoría de monumento.
El interés por las corridas de toros en Cabeza la Vaca comienza a manifestarse desde la Baja Edad Media, conservándose en el Archivo Histórico Municipal diferentes documentos que nos hablan de las funciones de toros que se celebraban en honor al patrón San Benito desde el s.XVI. Pero los escenarios taurinos fueron otros hasta la construcción de la plaza: el primero de ellos, en la Plaza Vieja, después el Corral del Concejo se aprovecho como coso para lidiar y correr toros, nombre que ha perdurado hasta la actualidad en la Calle coso y fuente del Coso. En 1776 el escenario vuelve a cambiar, trasladándose a la Plaza alta o del Rollo y levantándose un entramado efímero de maderas apoyado a las Iglesia Ntra. Srta de los Ángeles, similar al que se levanta en la vecina Segura de León actualmente.
En el año 1785 se prohíben correr toros en las calles y lugares públicos, lo que supone la desaparición de muchos de estos festejos. Esta ley tenia una excepción , la de aquellos espectáculos que dedicaban los ingresos a limosnas o a culto, como era el caso de Cabeza la Vaca, donde la Hermandad de San Benito o la Cofradía de los Remedios realizaban espectáculos de toros.
Se inicia en estas fechas la construcción de la actual plaza de toros, como lugar que pudiese proporcionar mayor seguridad al os espectadores y lidiadores. De esta forma, la plaza de construye con la aportaciones voluntarias y el trabajo de los cabezalavaqueños, levándose así un coso taurino donde pode disfrutar de las aficiones mas añejas.
